miércoles, 3 de junio de 2009

DE LA 'PLUMA DE NUESTRO PRESIDENTE / EL DR. STEVE MCVEY

Dios Nunca Se Enoja Con Los Cristianos

Me quedé ahí mirando fijamente a mi carro, sentado a la orilla del camino. “Señor, por favor. Permite que el motor arranque esta vez”. Regresé al carro y una vez más giré la llave. El motor de arranque giró tan rápido como pudo, pero el motor nunca respondió. Mientras esperaba dentro del carro que la grúa llegara, pensé en todo lo que había ocurrido durante las semanas anteriores –repetidas visitas al doctor con varios de nuestros hijos, quienes aún eran muy pequeños en ese tiempo; el compresor del refrigerador roto y remplazado por un costoso precio; y ahora esto. “¿Por qué tantas cosas han salido tan mal ahora?” me pregunté. Tan pronto como terminé de hacerme la pregunta, escuché las acusaciones dentro de mí: “He abandonado mis momentos de soledad últimamente, de hecho, ni siquiera leí la Biblia esta mañana. Tampoco he orado mucho. Para colmo, tampoco he compartido el evangelio con alguna persona inconversa en semanas. Y también esa vez que me desesperé con los niños más temprano en esta semana”. Una tras otra, el inventario de mis fallas en las semanas pasadas venían a mi mente.

Me siento incómodo al admitir que pensé que Dios debía estar enojado conmigo por no haber hecho las cosas que imaginé que Él quería que hiciera. Sólo te lo confieso a ti porque no creo que mi actitud haya sido poco común. En esos días imaginé que Dios estaba molesto conmigo la mayor parte del tiempo. Sabía que Él me amaba; razoné que como Él es Dios, esto iba con la descripción de su trabajo. Sin embargo, sentí que Dios no siempre estaba contento conmigo y que incluso algunas veces, probablemente se exasperaba por mi lamentable nivel de constancia. He conocido a muchos creyentes que están convencidos de que lo que ellos hacen o no hacen, determina el humor de Dios hacia ellos en cualquier momento. Han vivido en la cautividad del legalismo creyendo que Dios los bendice o maldice según su comportamiento. Ven a Dios como si cambiara de opinión y fuera capaz de alterar su carácter hacia ellos de acuerdo con lo que hacen.

Los hijos de Israel fueron todo menos constantes en su caminar, desde la primera vez que Moisés los sacó de Egipto y cruzaron el Mar Rojo. Incluso desde que entraron a Canaán, ocasionalmente tuvieron deslices en su fe (Lee Josué 7:1; 9:14). En cambio, Dios, sabiendo sus errores incluso antes de que Israel los supiera, por su gracia les dio la tierra. “Tomó pues Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforma a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra” (Josué 11:23). Él tomó toda la tierra –la victoria no fue completada por su fidelidad, sino por la de Dios. Los residentes en la tierra de Gracia siempre están conscientes del hecho de que no han realizado nada para merecerla, sino que la victoria completa les fue dada como un regalo.

DR. STEVE MCVEY

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