Cuando nosotros hemos cedido a las tentaciones de la carne, seremos arrastrados a vivir bajo la perspectiva del -¡“Vamos y hagamos”!- Muy a menudo trataremos de lograr algo con el propósito de ver el objetivo que nos hemos trazado. Pero ¿Por qué existe tal pensamiento en la iglesia moderna? La respuesta es sencilla: En nuestro interior hemos abrazado y creído las mismas palabras que dominaron y tomaron control de este personaje llamado Nimrod. Estamos fluyendo bajo sus mismos principios, bajo sus
mismas ideas. Quiero aclarar que nosotros no somos Nimrod; más bien hemos abrazado los métodos y técnicas que él usó para construir y edificar un reino a su propia manera.
8 Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. 9 Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. 10 Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar.
Génesis 10:8-10
Qué triste historia, es en la que se encuentran hoy muchos creyentes. Se han doblegado ante la necesidad de construir un imperio bajo su propio poder, y no bajo el de Dios. Con un corazón completamente sincero, los líderes cristianos han salido por el mundo decretando las palabras; -"vamos y edifiquemos la iglesia"- Los congregantes incitados bajo estos términos han avanzado sin darse cuenta que han caído en la misma trampa que cayó Nimrod.
En la palabra de Dios no existe la idea de que tú y yo fuimos llamados a edificar la iglesia. A pesar de esto, luchamos con todo para lograrlo sin saber que nuestros hechos denotan una insistente inclinación a la formación de un reino construido bajo métodos propios, que siempre irá en contra de lo que Dios ha establecido en Su palabra.
"Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificare mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella".
Mateo 16:18
El Señor jamás ha puesto el fundamento de la iglesia sobre las políticas cristianas que muchas veces se enseñan y se practican. Todos aquellos que han experimentado en carne propia este camino, saben que es tortuoso, oscuro, lleno de obstáculos y peligros que continuamente les acechan. Pero también es necesario decir que esta senda guía los pasos del pueblo de Dios para vivir en confusión y fuera de la sabiduría que proviene de lo alto.
No te engañes, ni engañes a otros; no es tu obligación, ni la de los congregantes edificar la iglesia de Cristo. Los Santos saben que no pueden confiar en sí mismos, ni en la obra de sus manos. Nosotros podemos incitarnos a nosotros mismos, e incitar a los otros que nos rodean; “pero si Dios no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1)
Fuimos llamados a participar en su obra; no a edificarla. Es Su responsabilidad hacerlo a través de nosotros. El pensamiento de -"vamos, hagamos-" siempre nos llevará a vivir bajo una autodependencia, y ésta demanda que demos más; nos exige que sirvamos más; que es nuestra obligación hacerlo; dichos pensamientos no provienen de una motivación Cristocéntrica, sino de una motivación propia.
Gerardo V.
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