sábado, 1 de agosto de 2009

FORMATEANDO EL DISCO DURO

Hace unos meses me encontraba lleno de alegría en mi casa. Todo lo que sucedía en ese tiempo, era de gran bendición. Entré a mi oficina para revisar mi correo personal y no pude abrirlo. Revisé algunos documentos que había guardado y tampoco los pude abrir.

Rápidamente hablé por teléfono con un especialista en la materia y estas fueron sus palabras: Al parecer tienes un virus muy fuerte, necesitas traerme tu computadora para hacerle una revisión general. Llegué al lugar y una persona me atendió amablemente y me dijo: En tres horas te puedo dar el resultado.

Regresé en el tiempo pactado y se me notificó que efectivamente mi computadora tenía un virus, y añadió: ―Necesito limpiar el disco duro y tendrás que perder alguna información que tengas en algunos archivos que han sido dañados. ―¡Oh my God! Exclamé en alta voz. Para los que no saben inglés, esto quiere decir: ¡Dios mío!
No sabía qué responder a la persona que me atendía. Estaba perplejo, mudo, enojado, y dentro de mí existía el ferviente deseo de tomar mi computadora y arrojarla a lo más profundo de la mar. Recordemos que cuando estamos enojados hay que ser muy bíblicos.

El especialista la arregló y después de unos días, todo regresó a la normalidad. Por supuesto perdí información por causa de ese virus.

El dar lo mejor de mí para Dios, es como un virus que infecta nuestra manera de actuar, pensar y vivir; a tal grado que seremos llevados a edificar un ministerio religioso. Atrapados en una guarida donde es muy fácil construir y almacenar una vida de arrogancia.

Este virus abandonado a su propia energía, jamás producirá lo que el cristiano desea en su interior. Aquél que ha sido dañado, comúnmente vive bajo ciertas expectativas idealistas que se han desbordado del plan divino que Dios estableció mediante su palabra. Este sorprendente virus se alimenta de normas, reglas rígidas, deberes y obligaciones, que generalmente deterioran la verdadera identidad que tenemos en Jesucristo.

Esta fantasiosa escena es como una isla flotante; y si los cristianos echan su ancla sobre ella, serán sin duda alguna arrastrados por las diferentes corrientes de su seducción.

Es de suma importancia constatar, recalcar y afirmar, que vivir la vida cristiana de esta manera, es meramente un medio para restringir, frenar, manipular y controlar las acciones de todos los creyentes.

Dar lo mejor de mí a Dios es basura, pero Cristo dando lo mejor de Él a través de mi, es un suculento manjar a los ojos de Dios: eso es el verdadero cristianismo–“¡Dejemos de lavarle el cerebro a las personas con la idea de que si no hacen lo que nosotros les decimos que hagan les ira mal en la vida!"

¡Ya basta!

Dejemos de torturar a los creyentes haciéndolos sentir que le deben algo a Dios o a nosotros por el simple hecho de que somos colaboradores en su Reino. Dejemos de ser capataces vestidos de siervos; lobos vestidos de pastores; orgullosos vestidos de humildad; Añado estos escritos en AMOR; sería bueno considerar el total y completo abandono a las influencias y corrientes del humanismo (el cual equivale a dar lo mejor de nosotros a Dios) que comúnmente llaman cristianismo.

Tal vez la iglesia cristiana necesite ser llevada al especialista llamado Jesucristo para que formateara nuestro disco duro con el nuevo programa de gracia y así poder experimentarle de una manera más íntima. Creo que sería de suma importancia regresar al hecho de conocer (no en la cabeza) sino en el corazón las palabras escritas en la carta a los Filipenses.

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13

Director Ejecutivo
Gerardo Vázquez
________________________________________________________________

1 comentario:

Jonathan Saldaña dijo...

Creo que es facil decirlo, sin embargo, el hecho de estar atado a los placeres del mundo, y al orgullo inquebrantable que han implantado entre nosotros, nos hacen generar un EGO tremendamente arraigado, y dejar de pensar en todo nuestro alrededor, no importando a quien pasamos por alto, y a quien o quienes afectamos.

En ocasiones nos creemos tan importantes o dañados que nos es imposible perdonar al Hermano, amigo, Esposo, Esposa, Pastor, Diacono.

Es terrible llegar al punto en el que como persona todas las puertas del corazon estan cerradas, y no dejamos que el Espiritu de Dios, regargulla nuestros corazones.

Soy cristiano de hace muchos años, y profanaba el amor de Dios, cuando no lo vivia, hasta hace unas semanas, que comienzo a creerle a mi Dios y no solo creer que existe. Si como personas hicieramos esto desde nuestra juventud, o cuantos fracasos y dolores de cabeza nos hubisemos evitado.

A manera de comentario y para bendicion de todos.

Así sea.

Atte. Jonathan Saldaña...