miércoles, 1 de julio de 2009

Salmo 24: 3 / El limpio de manos y puro de corazón

El lavarse las manos con agua, (obras propias) como lo hizo Pilato, es un vivo retrato de la religión muerta.

Escucha, pues, amado, ¡las manos limpias! No será suficiente a menos que se tenga un corazón puro. Podríamos lavar la copa y el plato por fuera el tiempo que quisiéramos. Sin embargo, recuerda que si tu interior es sucio, por ende lo es lo interno.

Me pregunto, - ¿existe un ser humano, (hablo a los creyentes) limpio de manos y puro de corazón por las obras externas que apetece y que sacian su religión? ¡Por supuesto que no! (–“¡Espero seas libre de tan terrible tragedia que se ha promulgado a los 4 puntos cardenales en la iglesia moderna!”).

Aquel que ha sido influenciado por la imposición de sus acciones y su conducta para alcanzar y formar parte del Salmo 24: 3. -En realidad, no ha obedecido a Dios, y como resultado de este nefasto estado en el que cotidianamente vive, se ha conformado a una costumbre y conveniencia que son meramente incitadas por el humanismo.

¡Bendito sea Dios! que el cristiano ha sido totalmente liberado de alcanzar unas manos limpias y un corazón puro. Él que edifico la casa y sostiene el fundamento de esta, los ha llamado por gracia para recibir este preciado galardón. ¡Quien no querrá residir en la mansión para apropiarse de las verdades bíblicas y no de las tradiciones y huecas sutilezas en las cuales los creyentes se han enfrascado para deteriorar y desconocer lo que ya Dios nos ha dado!

El limpio de manos y puro de corazón por gracia; se puede llevar ante un tribunal para testificar y no mentir. Podrías entregar un tesoro incalculable para guardarse y no lo hurtaría. Incluso, podrías confiarle los secretos más profundos e intereses de tu familia y jamás te traicionaría. Pero, ¿Por qué sucedería esto? Sencillamente porque es un creyente que ha sido lavado de manos y su corazón ha sido purificado por la vida de Jesús y por ende conoce el principio de integridad y de verdad; ¡Residen en su seno! Me atrevo a decir que es meramente tan digno de confianza a medio día como a media noche, no porque su reputación o interés lo exige; no porque los ojos que le rodean en su contorno estén fijos en él, sino porque el amor de Dios forma parte de su ser.

La santidad que se vive y se práctica es una marca autentica y genuina de la vida de nuestro Señor Jesucristo por medio de nosotros y no de Nosotros Mismos.

Director Ejecutivo
Gerardo Vázquez

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