4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:4-5
Si soy un buen hijo de Dios, tengo que producir todo lo necesario para que mi Padre Celestial me ame más. Esta manera de vivir la vida cristiana proviene de una motivación totalmente egoísta, ¿Por qué digo estas palabras? Bueno, es porque este propósito está basado en "Conseguir algo a cambio de." Creemos: Si soy un buen hijo de Dios, Jesús me amará más; si cumplo sus expectativas, Jesús me amará más.
He conocido a muchos cristianos que creen que Dios está sentado en Su trono blanco (con unas vestiduras que llegan hasta la mismísima tierra), viéndolos y dándoles órdenes tales como: "Si produces, te amaré." Este concepto está totalmente fuera del orden bíblico. Quien piensa de esta manera, no puede estar más equivocado. Es triste decirlo; pero con tales pensamientos, resumimos que el amor de Dios está condicionado por la producción de los cristianos.
La Biblia especifica claramente en Juan 15:5 que fuimos llamados a "llevar", ¡No a producir! ¡Tú jamás podrás producir Su amor! Pero si lo podrás llevar en la manera que Cristo Jesús vive Su vida por medio de ti. ¡Pero a mí se me enseñó que tenía que producirlo! ¡A mí también se me enseñó lo mismo! ¿Pero a quién vas a obedecer: a los pensamientos humanos que se anidaron en tu mente, o a lo que la Biblia te está enseñando en este momento? Tengo la plena convicción que mientras lees este libro, decidirás obedecer a la palabra escrita, a pesar de que contradiga mucho de lo que has aprendido. Recuerda que: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5: 29)
¿Cuántas veces le has dicho a tu hijo?: ―Si eres un buen hijo, papi te amará más. Si me traes buenas calificaciones, papi te amará. O qué tal esta ilustración: ―Si eres una buena esposa te amaré. Si haces lo que te pido, serás mejor esposa. Muchos matrimonios finalizan en divorcio, porque fueron construidos sobre esa clase de amor y muchos hijos viven resentidos con ellos mismos porque piensan: ―"si hubiera producido más" mi padre me amaría más.
Estamos empapados del factor "¡si yo produzco esto, si yo produzco aquello!" Si yo, si yo, si yo... escucha esto amado lector: no se trata de lo que tú puedas producir; se trata de todo lo que Él ha producido en ti. Hay personas que sugieren la idea de que si tú confiesas y decretas tus palabras con fe durante varios minutos, podrás producir lo que anhelas. Pero eso es contrario a lo que la palabra de Dios nos enseña. ¿Recuerdas la historia del Centurión? Éste dijo: ―pero dí la palabra y mi siervo sanará. (Lucas 7:7) El centurión no decretó, ni confesó sus palabras. Fue Jesús quien habló la palabra y se produjo una sanidad. Deja de estar diciendo: ―si yo, si yo... Y mejor dí: ―si Él, si Él...
En cierta ocasión salí de mi casa como a las ocho de la mañana. Iba a una reunión de Pastores, cuando de repente escuché como si mi llanta se ponchara. Detuve el auto, me bajé y efectivamente se había ponchado. Un pensamiento interno me asaltó, "ya sé por qué me aconteció esto" "Si hubiese orado más tiempo con el Señor, esto jamás me hubiese sucedido. Me quedé sentado dentro del automóvil, reprochándome por tal acontecimiento.
Cómo me hubiese gustado que alguien me encaminara hacia la gracia de Dios; me hubiera evitado muchos problemas. La sensación de culpabilidad y condenación no habrían florecido dentro de mí. Pero lo más triste de esta historia, es que la llanta se había ponchado porque estaba completamente lisa; de hecho cada vez que pisaba un chicle, ¡sabía de qué sabor era!
Mi automóvil necesitaba un neumático; no tenía nada que ver con: "Si hubiera orado más," ¿Puedes discernir lo que Cristo quiere enseñarte en este momento? Los creyentes de esta "era moderna" viven en culpabilidad como yo solía vivir, suponiendo que "Si hubiesen hecho esto o aquello o lo otro," hubieran producido lo necesario para que las cosas no hubieran salido tan mal.
Es de suma importancia asumir el hecho de que la naturaleza de este amor es sumamente perjudicial y castiga fuertemente a los que han nacido y han crecido en esta tradición. No hay necesidad de repetir este error que está afectando el verdadero significado del "amor incondicional." ¡Que no tiene nada que ver con la
producción de los creyentes!
Los distintivos del "¿si…?", son palabras y acciones que muestran con demasiada frecuencia, la intolerable pasión que muchos han cultivado bajo un concepto totalmente equivocado en el orden de Dios. La relación de amor que tenemos con Dios, no es nutrida por el "¿si…?" de nosotros, sino por la condición de Su vida, la cual se transforma en algo incondicional para nosotros; sin embargo existen los pensamientos que descansan sobre el inefectivo "¿si…?" que es inadecuado y no acepto antes Sus ojos, que todo lo ven.
¿Qué te hace pensar que si produces algo, Él te amará más? Este pensamiento no es digno para un cristiano que ha recibido todo por gracia. Dios es capaz de amarnos en medio de nuestros "no" y en medio de nuestros "sí".
Las personas que viven bajo el: "¿si yo produzco…?" No podrán experimentar una relación íntima con Jesús; porque piensan que si no producen algo para Él, serán rechazados. Y te aseguro que si te atreves a vivir o estás viviendo bajo este concepto, la inseguridad se reflejará en ti de tal manera… ¡que no podrás conocer las profundidades de su "Benignidad!"
GERARDO V.
No hay comentarios:
Publicar un comentario