jueves, 27 de enero de 2011

Defiende Mi Causa

Salmo 119: 154
Defiende mi causa y redímeme; Vivifícame con tu palabra.

En este Salmo podemos disfrutar tres verdades sumamente importantes:

La primera; intima el derecho de su propia causa; El salmista cargado de dificultades desea ansiosamente que Dios emprenda su defensa. ¡Pelea la batalla Ho Dios! ¡Tú enfréntala por mí! Era el clamor de esta persona en tiempo de necesidad.

La segunda; representa la miseria e impotencia de su propia condición; he de ahí las palabras, “¡Redímeme!” ¡Yo no puedo hacerlo, pero Tú si!

La tercera; la carga que llevaba era tan pesada que lo lleva al punto de desmayar; ¡Estoy medio muerto! ¡Sin esperanza alguna! “¡Vivifícame!”.

Por más que sean legiones en cuanto a número; en cuanto a poder, gobernadores de las tinieblas; en cuanto a astucia, serpientes; en cuanto a crueldad, el perverso; en cuanto a malicia, huestes de maldad; Dios nos dice: ¡Confíen en mi! ¡Yo Estoy por ustedes!

Gerardo V.

1 comentario:

Eduardo dijo...

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