jueves, 3 de junio de 2010

De la pluma de nuestro Presidente/ El Dr. Steve McVey

Ya No Trabajamos Para Dios

Me encontraba en un vuelo de Bangkok, Tailandia hacia Nueva Delhi, India cuando empecé a platicar con Amit, un hombre treintañero que regresaba a casa después de un viaje de negocios.

Me preguntó a qué me dedicaba –la pregunta universal que todo mundo hace para determinar el valor de una persona. Le dije que era maestro de la Biblia. -“¿La Biblia Cristiana?” me preguntó.
-“Sí”, le contesté.

Y sin ningún intento de ofender sino con el fin de entablar una plática, Amit me dijo: -“No me gusta la religión.”
“A mí tampoco”, le contesté.

E ignorando mi respuesta, continuó: -“La religión es la causa de muchas guerras.”
-“Tiene usted toda la razón.” Le respondí. -“Y no solamente entre las diferentes religiones, sino también dentro de una misma religión.”
Amit se mostró un poco sorprendido. -“Creo que la religión cristiana trata de controlar a la gente,” me dijo.
-“Así es, está usted en lo cierto,” le contesté. -“La religión cristiana es terrible en eso.”
Amit volteó, me miró y preguntó. -“¿A qué dijo que se dedicaba?”
-“Enseño la Biblia,” le volví a responder.
-“Pero parece que a usted tampoco le gusta la religión,” me dijo.
-“No me gusta,” le dije.

Yo podía percibir cómo las ideas le daban vuelta en la cabeza. -“Amit, lo que yo enseño es la verdad acerca de Jesucristo. Hay una gran diferencia entre la religión Cristiana y el Cristianismo bíblico.”

En la siguiente hora Amit y yo hablamos de las diferencias entre la religión y una relación personal con Jesucristo.

Le expliqué que mucha gente abraza la religión cristiana simplemente intentando vivir de acuerdo con lo que dice la Biblia, casi de la misma manera en que la gente islámica vive con respecto al Corán. Le expliqué que el Cristianismo verdadero significa compartir una unión literal con Jesucristo, la cual se origina al confiar en Él y recibir Su vida.

Mientras nos acercábamos al aeropuerto de Nueva Delhi, Amit mencionó algo que me tocó el corazón. Me dijo: -“Nunca supe que hubiera una diferencia entre el Cristianismo y la religión Cristiana. Ahora entiendo. La religión Cristiana significa que una persona trata de servir a Dios obedeciendo las enseñanzas de la Biblia, y por el contrario, el Cristianismo significa que por la fe una persona absorbe conscientemente la vida de Jesucristo y que Jesucristo empieza a vivir a través de ella a partir de ese día.” ¡Guau! Pensé. ¡Entiende el significado del auténtico Cristianismo mejor que yo después de 29 años de haberme convertido en cristiano!

El concepto de Amit sobre el cristianismo no es nada raro. Mucha gente piensa que la esencia de la vida cristiana significa averiguar lo que la Biblia dice que debemos hacer y después esforzarnos para hacerlo. Muchos incrédulos esperan entrar en el cielo porque “tratan de vivir conforme a la Biblia.” Sus esfuerzos, sin embargo, son inútiles. Nadie puede ganar el cielo haciendo las obras que Dios pide. La única entrada en el cielo se encuentra por medio de la fe en Jesucristo.

También resulta extraño que el mismo cristiano que sabe que no se convirtió en creyente por hacer las obras de Dios, a menudo crea que después de convertirse en cristiano su vida deba girar alrededor del trabajo para Dios. Sabe que fue salvo por gracia a través de la fe, pero piensa que ahora las reglas básicas son diferentes.

Este tipo de cristiano a menudo estudia la Biblia para recibir instrucciones con respecto a lo que Dios espera de él ahora que es salvo. Entiende el hecho de que los esfuerzos de una persona que no es salva no producirán ningún progreso espiritual, pero cree que sus propios esfuerzos si rendirán fruto.

Es sincero en tratar de avanzar espiritualmente, pero está sinceramente equivocado. El esfuerzo propio nunca rendirá fruto espiritual, sino que además generará un profundo sentido de frustración. Nosotros no ganamos la victoria. Ésta llega a nosotros como un regalo y sólo podemos recibirla por medio de la fe, no por nuestros propios esfuerzos, a pesar de cuán rectos y sinceros podamos ser.

Watchman Nee escribió:
Sabemos que la justificación es nuestra a través del Señor Jesús y que no requiere ninguna obra de nuestra parte, pero creemos que la santificación depende de nuestros propios esfuerzos. Sabemos que sólo es posible recibir el perdón mediante una completa confianza en el Señor; y aún así creemos que podemos ser salvos por nuestras propias obras. Tememos que no suceda nada si no hacemos algo.

Después de la salvación el viejo hábito del “hacer” se reafirma y comenzamos a confiar en nuestros propios esfuerzos otra vez. Entonces la palabra de Dios viene de nuevo a nosotros: “Consumado es” (Juan 19:30). Él hizo todo por nosotros en la cruz para perdonarnos y hará todo en nosotros para salvarnos. En ambos casos, Él es quien lo hace. “Es Dios quien obra en ustedes.”

Dr. Steve McVey
Presidente de Grace Walk Ministries

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