jueves, 7 de enero de 2010

DE LA PLUMA DE NUESTRO PRESIDENTE/ EL DR. STEVE MCVEY/

TEMA; Los Cristianos no Necesitan la Ley

Pablo claramente acertó cuando dijo que fuimos muertos a la ley para ser unidos en Cristo. ¿Qué relación tiene el cristiano, entonces, al sistema de reglas que gobiernan el comportamiento? ¡Absolutamente ninguno! Cuando fuiste salvo, fuiste muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seas de otro del que resucitó de los muertos (Romanos 7:4). Habiendo sido dada la vida de resurrección de Jesucristo, ya no necesitas la ley. Tienes a Jesucristo viviendo en ti para guiar tus pasos.

“¿No necesitamos entregar nuestras vidas a las leyes de Dios?” Una persona tal vez pregunte. Eso es como preguntar si debiéramos entregar nuestras vidas a alguien más que a nuestro compañero. Hemos muerto al sistema de las leyes. La ley todavía existe; pero no es propuesta para nosotros que hemos recibido la naturaleza justa de nuestro señor Jesucristo.

Pablo dijo en 1ª Timoteo 1:8-10: pero sabemos que la ley es buena si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes; para los impíos y pecadores; para los irreverentes y profanos; para los parricidas y matricidas; para los homicidas; para los fornicarios; para los sodomitas; para los secuestradores; para los mentirosos y perjuros; y para cuanto se oponga a la sana doctrina.

Ya hemos aprendido en el capítulo tres que los cristianos son personas justas que tienen la naturaleza de Jesucristo. Aceptar lo que Pablo dice acerca de la ley en este versículo demanda que nos demos cuenta de que no tenemos relación con las leyes. Nuestro estilo de vida no es gobernado por reglas sino más bien por una relación. No somos motivados por las leyes, ¡sino por el amor!

Mi esposa Melanie y yo tenemos 4 niños. En los lugares que hemos vivido, mientras los hemos educado, hay leyes que gobiernan las responsabilidades de los padres. Estas leyes son parte del código penal para asegurar que los niños reciban el cuidado apropiado. Si los padres rompen estas leyes, existe el riesgo que sus niños los saquen de sus casas.

De hecho, si la violación de la ley es suficientemente severa, los parientes pudieran ir a la cárcel.

Debo confesar que durante todos esos años de educación para nuestros niños, nunca hemos estado en la corte de justicia para leer esas leyes en los libros. Hay probablemente cientos de leyes respecto a las responsabilidades de padres grabadas allí, pero nunca hemos leído ni siquiera una. Es admirable que no tengamos miedo de llegar a romper la ley y arriesgarnos a que nos quiten a los niños. Ese pensamiento no cruzó por nuestras mentes ni una sola vez. Aunque nunca he leído esas leyes puedo acertar confiadamente que hemos llenado cada una de ellas, de hecho, hemos ido más allá de lo que la ley requiere. ¿Sabes por qué?; es porque nosotros nos hemos relacionado con nuestros niños, sobre la base del amor. Amor para Andrew, Ami, David y Amber. Nos interesamos en ellos de una manera que sobrepasa el mínimo requerimiento de la ley. Esas leyes están verdaderamente en esos libros y ellas sirven para usarse con un propósito; pero ellas no tienen nada que ver conmigo. Las únicas personas que se relacionan con esas leyes, son las personas quienes descuidan o abusan de sus hijos. Melanie y yo no las necesitamos Nosotros amamos a nuestros hijos.

Cuando reina la gracia en la vida de una persona, encontrará que sus acciones serán motivadas por amor a Jesucristo. La fuerza que motivará su vida, no será el deber; sino que sobre toda carga pesada, él deseará que la motivación en su vida sea el amor. Non temerá a las leyes religiosas. Simplemente no las tomará en cuenta.
Ahora, ese tipo de declaración tal vez asustará a algunas personas: “antineomanismo”, de “anti”: contra y “nomos”: ley. ¡Algunos teólogos, podrán tal vez llorar! (Pero para el resto de nosotros la palabra simplemente describe a alguno que está en contra de la ley). No defiendo el estar en contra de las leyes de Dios, sino meramente quiero apuntar que la ley no fue dada para nosotros que hemos sido salvos. En el siguiente capítulo, vamos a considerar el propósito de la ley. Lo suficiente para decir en este punto que la ley no es dada para gente justa, en la cual tú estas incluido, si has recibido a Cri

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