9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
1 de Pedro 2:9
¿Le parece imposible que Dios le pueda amar sin que usted tenga que pagarle? La persona me miró con enojo y exclamó en alta voz: ― ¡Eso sería inaceptable! Se supone que tenemos a un Dios que nos exige cada día y nos aprueba y desaprueba basado en todo lo que nosotros hacemos cotidianamente. La idea de que Él me ama sin tener que pagar nada a cambio, está fuera de sus límites, y por supuesto que de los míos también. Añadió: ―Toda persona que cree que la gracia de Dios funciona de una manera tan sencilla, estará viviendo por el resto de sus días equivocadamente.
Tal como este varón, existen miles de creyentes que viven aprisionados en la idea de que Su amor no se nos ha dado sobre la base de Su gracia. Quizá, la misma frecuencia de sus muestras y de sus peregrinajes religiosos, llenos de un cierto fervor, y un celo meticuloso, son en realidad una duda interna de ese amor perfecto que Dios nos dio a través de su Hijo.
Las personas que practican esta ideología (pensamientos humanos), insisten frecuentemente en sus errores pasados, presentes y futuros "como si no hubiesen sido resueltos por Dios." Esto les obliga a enfocarse en una nueva evaluación de su vida moral, e intentan en vano y por supuesto conscientemente, (aunque algunos inconsciente) de expiar, "pagar".
La terrible angustia por efectuar el pago total de sus faltas, es el combustible perfecto para incendiarse en su propio sacrificio expiatorio, que ante la sociedad cristiana es de gran estima. Pero sucede algo inevitable; delante de Dios es basura.
Imaginemos que un día tú vas platicando con tu mejor amigo por las calles principales de la ciudad. Ambos deciden detenerse en un restaurante que tiene fama de vender las mejores carnes. Cuando finalizan de comer, tu amigo te dice: Juan, yo voy a pagar por los alimentos.
Más tarde, salen de ahí para dirigirse a un lugar donde venden los mejores postres de la ciudad. Ingresan, y justo antes de finalizar esos suculentos postres, una vez más tu amigo te dice: Juan, no te preocupes por la cuenta, yo voy a pagarla. Se van de ese lugar, y cuando están atravesando la calle que los conducirá al estacionamiento donde tienen estacionados sus vehículos, un automóvil que viene a exceso de velocidad se dirige hacia ti. "¡Tú no lo ves!", pero tu amigo sí. Antes de que ese automóvil te atropelle, él decide ponerse en tu lugar para recibir el impacto.
El vehículo lo golpea de una manera impactante, ¡Lo ves tirado en el piso! ¡No sabes si está muerto o vivo! Alguien llama a la ambulancia, la cual llega después de unos minutos. Rápidamente hacen su labor de primeros auxilios y lo suben a la ambulancia; subes con él y te das cuenta que está muy grave. Después de unos minutos llegan al hospital y tu amigo es ingresado al quirófano. Después de varias horas el doctor termina la cirugía y decide notificarte todos los detalles de las lesiones que ha sufrido. ―"Su amigo está dormido por la anestesia que le aplicamos; pero despertará aproximadamente en un par de horas". Afortunadamente la cirugía fue todo un éxito; su amigo se encuentra estable. Las semanas transcurren y finalmente el hombre que decidió tomar tu lugar, egresa del hospital.
Días después sale a trabajar y tú aprovechas ese momento para llegar a su casa. Un pensamiento te invade: ¡Juan me salvó la vida! ¡yo tengo que pagarle por eso!. ¡Ya sé lo que haré! Le limpiaré la casa; le cortaré el césped del jardín, y le lavaré sus automóviles. Laboras durante todo el día y cuando llega la tarde tu amigo Juan regresa a casa. ―Hola amigo, Te dice Juan; tú le respondes: ― ¡hola! ― ¿Qué estás haciendo en mi casa? te pregunta Juan. Le respondes: ― ¿Recuerdas que hace unas semanas me salvaste la vida? ―Sí, sí lo recuerdo. Bueno, he venido a pagarte ese favor. Juan responde: ― ¿Qué…? Sí Juan: ―he venido a pagarte el favor del otro día. ―Tú no tienes que pagarme nada. Responde Juan, lo que yo hice, lo hice por amor a ti.
¡Y el amor no tiene precio!
La Biblia dice que nosotros somos pueblo adquirido por Dios. ¿Qué es adquirir? Adquirir es obtener la posesión de algo por el trabajo, comprar o cambiar; y eso fue exactamente lo que hizo por cada uno de nosotros. Hemos llegado a ser "su posesión" por la obra de Su Hijo Jesucristo, comprándonos y pagando con sangre, para que seamos de Él.
20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
1 a los Corintios 6:23
Cambió su cuerpo por el nuestro, para enseñarnos que prefería morir por ti, antes que vivir sin ti. ¡Maravilloso! ¿No lo crees? Él hizo un cheque al portador con los fondos suficientes para pagar toda deuda que teníamos pendiente. "anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”, (Colosenses 2:14) ¡No debemos nada! Somos libres de toda deuda; Él pagó lo necesario por ti y por mí.
ATENTAMENTE
Director Ejecutivo
Gerardo Vázquez
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