Cada cristiano entiende el poder de la cruz con relación al perdón de pecados, porque Jesucristo tomó nuestra culpa sobre Él, contrayendo la ira de Dios. Contra nuestro pecado, la Justicia de Dios fue satisfecha (Romanos 3:23 –26). Nuestros pecados pueden ser perdonados a través de Cristo; Jesús se puso en nuestro lugar cuando Dios demandó la penalidad para ellos.
Cuando confiamos en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, en ese momento el perdón de Dios llega a tomar efecto en nosotros. Merecíamos estar separados eternamente de Dios, en el infierno; pero a través de Cristo Jesús, hemos recibido la misericordia de Dios.
Eso es: nosotros no recibimos algo que verdaderamente merecíamos.
Hace unos cuantos años cuando servía como pastor en Alabama, manejaba de Birminham a mi Iglesia, como a una hora de camino. Cuando salí de la autopista no ajusté la velocidad en la carretera. En unos momentos escuché una sirena y vi en mi espejo retrovisor las luces azules encendidas, echando un vistazo a mi velocímetro, pensé: “¡OH no!, lo he hecho, me atraparon”.
El policía caminó hacia mi ventana y me pidió que le mostrara mi licencia para conducir, “señor, ¿sabe usted que tan rápido iba?”, él preguntó. “Sí señor, sí sé”, respondí, tratando de verme lo más reverente posible, y me dijo: “¿puede bajar de su auto y sentarse en el asiento de enfrente del carro de policía?”, me preguntó de una manera imperativa. Rápidamente caminé hacia su carro y me senté en el asiento de adelante agachado y esperando que ninguno de los miembros de la Iglesia pudiera pasar por donde yo estaba y ver a su Pastor en el asiento de enfrente de un carro de policía. Después de mostrarme mi velocidad grabada en su radar, el policía alcanzó su libro de infracciones; lo abrió y tomó la pluma de su bolsa, y cuando él comenzaba a hojear su libro, le dije: “oficial”, “¿si?”, él respondió, viéndome. “¿Me daría misericordia?”, LE PREGUNTE. El policía me vio por un momento, vio su libro de infracciones y volvió a verme. “Está bien, solamente voy a tenerla”, respondió. “Baje su velocidad y tenga un buen día”. ¡Eso verdaderamente pasó! (No piensen que siempre es así con los predicadores. Otro policía quien me dio una infracción, dijo que todas las personas deberían de conocer más para no romper la ley).
¿Ven qué pasó?, ¿Pueden ver lo que pasó? Merecía esa infracción; pero el oficial me dio una oportunidad, no me dio lo que yo merecía, ¡así es como la misericordia de Dios es expresada hacia nosotros! Todos nosotros merecíamos pagar la penalidad total de nuestro pecado, (Romanos 3:23). Ciertamente era justo para nosotros estar eternamente separados de Él, mas Dios escogió extender su misericordia hacia nosotros. Somos como la mujer que fue al fotógrafo para tomarse una fotografía.
Después de algunos días regresó para ver las pruebas, dándole vueltas a cada una de ellas, volteó su vista y dijo: “estas fotografías no me hacen justicia”. “Mujer”, el fotógrafo respondió, “usted no necesita justicia, usted necesita misericordia”. Eso es exactamente lo que nosotros necesitábamos y es exactamente lo que Dios nos dio cuando perdonó nuestro pecado. Aún hay otro aspecto del evangelio que muchas personas no entienden. Regresemos un poco atrás al policía en Alabama. Algunas personas me han dicho, “ese hombre verdaderamente te mostró la gracia, ¿verdad que sí?”. La respuesta a esa pregunta es no. Él no me mostró gracia, sin embargo me mostró solamente misericordia.
Supongamos que cuando empecé a salir fuera de su carro, el oficial me hubiese dicho, “espere un minuto, no he terminado aún con usted”, imagínese si me hubiese sentado en la parte trasera del carro y él hubiese alcanzado su bolsillo y sacado su cartera y me hubiera dado un billete de $ 100.00 dólares. “Quiero darle esto y que tenga un buen día”, ahora eso hubiese sido gracia (pero tristemente esa parte de la historia no sucedió).
Misericordia es, no recibir algo que merecemos; pero la gracia es recibir algo que nosotros no merecemos.
Dios nos mostró su misericordia, cuando Él perdonó nuestros pecados y los declinó para detenernos (holdus accauntable) y entonces fue un paso más allá y extendió su gracia a nosotros dándonos vida Divina, en la persona de Jesucristo ¡El perdón es maravilloso; pero no es el evento principal! El perdón es un prerrequisito para la meta principal de Dios.
La cosa más maravillosa que toma lugar cuando somos salvos es que recibimos la vida de Jesucristo dentro de nosotros.
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