Efesios 1:3-6 3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,
Una de las verdades bíblicas más contundentes y hermosas, quizás sea, que el Creador y sustentador de todo, nos acepta tal como somos. ¡Nunca entenderé por qué! Pero su palabra nos asegura que esto es verdad. Él no te ha aceptado por algunas demandas u obligaciones o por ciertas actividades que has cumplido. Él te ha dado esta gran virtud por su sublime gracia.
Cuando era inconverso, Dios me manifestó su aceptación a través de una joven, y en el año de 1992 me permitió casarme con ella. Después de haber compartido con Gloria 7 años de casados, Dios nos dio el regalo más hermoso que nos pudimos imaginar aquí en la Tierra: nuestros hijos. En junio 10 de 1999 Dios nos trajo a Gloria Abigaíl y en abril 27 del año 2000 nació Gerardo Jonatán. Después de haber llegado ambos a nuestro hogar todo ha sido muy diferente. Cabe mencionar que son los niños más preciosos del planeta Tierra; si no lo cree, tengo bastantes fotografías para comprobarlo.
En cierta ocasión, mientras predicaba en una ciudad de América Latina, puse un ejemplo que sin duda alguna conmovió los cimientos doctrinales de muchos congregantes que se encontraban esa noche escuchando el mensaje:
―¿Si mis hijos vivieran desmedidamente en el pecado, crees que yo estaría de acuerdo con ellos? ¡Claro que no! ¿Qué padre desea que sus hijos caminen en tan terrible desgracia? Continué diciendo: ―Si Gloria Abigaíl decidiera vivir desmedidamente en la drogadicción, ¿crees que yo la aceptaría menos? Si Gerardo Jonatán se preparara políticamente de tal manera que en el futuro llegase a ser el presidente de la República Mexicana, ¿crees que yo lo aceptaría más? Hubo un silencio fúnebre y proseguí a explicar dicha ilustración.
La gente del mundo se acepta por lo que hace y por lo que tiene. Ese método es muy común en el mundo. Por ejemplo: cuando alguien va caminando o conduciendo a su casa y de repente se topa con ese famoso Doctor que hace cirugías de corazón abierto y es muy reconocido, al toparse con él quiere saludarlo y si es posible, tomarse una foto con él. ¿Pero qué pasa si te encuentras con la persona que día tras día pasa por tu hogar para recoger la basura? Tal vez muchos ni siquiera se molestarían en saludarlo. Porque internamente en miles de personas existe el pensamiento de que la aceptación se da sobre la base de lo que una persona hace o tiene.
Este método mundano es muy antiguo y se ha infiltrado en las mentes de los congregantes. Lo triste del caso es que la mayoría no lo sabe. Esa noche, al finalizar el culto, terminé diciéndole estas palabras a la congregación: "La aceptación de mis hijos no está fundamentada bajo tales métodos mundanos. Aun cuando ellos decidan caminar en pos de la carne, yo los acepto; no estoy diciendo que acepto su pecado, pero a ellos siempre los aceptaré".
No niego que el comportamiento es de suma importancia, pero para mí ha dejado de ser la prioridad. Mis hijos no tienen qué comprar, ni ganar, ni luchar, ni lograr nada para ser aceptados por sus padres. Recuerdo cuando Gloria y yo orábamos para que Dios nos diera hijos. Sus nombres ya habían sido escogidos y siempre fueron aceptados en nuestro corazón desde antes de que nacieran.
Sé que estos escritos a la luz de la tradición cristiana son una tragedia e inclusive una blasfemia, ¿Pero sabes algo?: nadie podrá cambiar estos pensamientos de libertad; he decidido que en todo momento mis hijos serán aceptados no por lo que hacen; sino por lo que son para mí.
Director Ejecutivo
Gerardo Vazquez
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